Las autoridades de ciudades del corredor de la ruta 9, ribereñas del Paraná, como San Nicolás, Ramallo, San Pedro, Baradero y Zárate, activaron de urgencia los protocolos de contingencia ante las proyecciones hidráulicas que prevén niveles de evacuación para las próximas semanas.
La situación reviste una gravedad institucional y social extrema, ya que no solo pone en riesgo a miles de pobladores ribereños en la región, sino que también amenaza la infraestructura portuaria y la principal vía navegable comercial del país.
Arrecifes no está exento de esta advertencia, ya que una
importante crecida del Paraná afectaría directamente la normal fluidez de
nuestro río.
Qué pasó con el Súper Niño y por qué genera alarma en el Paraná
El acoplamiento de intensas lluvias en las altas cuencas de
los ríos Iguazú y Paraguay, sumado a los efectos multiplicados del fenómeno
hidrometeorológico global, aceleró de forma drástica el caudal del corredor
fluvial. Los registros oficiales de la Prefectura Naval Argentina y del
Instituto Nacional del Agua (INA) comenzaron a mostrar curvas de ascenso que
superan los promedios de la última década, proyectando un escenario similar a
las inundaciones históricas que afectaron al litoral argentino en períodos
anteriores.
La principal preocupación de los especialistas radica en la velocidad del repunte del agua, que deja escaso margen de maniobra para las defensas urbanas costeras.
Además, en términos económicos, el desborde del río Paraná
paralizaría temporalmente las operaciones logísticas en los puertos
agroexportadores de la zona norte bonaerense, afectando de manera directa el
flujo de divisas por exportaciones granarias y obligando a los productores
ganaderos de islas a realizar una evacuación contrarreloj de miles de cabezas
de ganado hacia tierras altas.
Los jefes comunales advierten que las arcas municipales
locales se encuentran sobrepasadas para enfrentar por sí solas los costos de
operativos de evacuación, asistencia alimentaria y posterior reconstrucción de
daños. Por ello requieren de la intervención de Provincia y Nación.
Desde los ministerios de Seguridad y de Desarrollo de la Comunidad bonaerenses se dispuso el envío preventivo de suministros, botes de rescate y plantas potabilizadoras de agua. No obstante, la oposición regional reclama la falta de finalización de obras hidráulicas estructurales de fondo que habían sido prometidas en presupuestos anteriores y que habrían mitigado el impacto de los desbordes en los cascos urbanos vulnerables.
Las consecuencias de este Súper Niño también impactarán en
el sistema de salud pública de la provincia. Los ministerios sanitarios ya
diagraman operativos de vacunación masiva y control epidemiológico preventivo
ante la previsible proliferación de enfermedades hídricas y vectores de
contagio (como el dengue y la leptospirosis) que suelen multiplicarse de manera
alarmante tras el estancamiento de las aguas en zonas densamente pobladas.
Para cuándo se espera la llegada
A pesar de esta incertidumbre, las estadísticas son
implacables: el 90% de estos fenómenos derivan en grandes precipitaciones o
crecidas extraordinarias del río Paraná. Entre agosto y septiembre comenzaría a sentirse el Súper Niño en nuestra
región y se estima que el pico del impacto se dará entre octubre y febrero, lo
que obliga a los municipios a revisar sistemas de drenaje, canales y estaciones
de bombeo de manera urgente.
La recomendación de los especialistas es clara: no
paralizarse por el miedo, pero sí prepararse para un evento climático que
podría redefinir los registros históricos de la provincia.
por @UnoArrecifes





