Apenas terminó el agónico partido, vecinos y
familias de todas las edades convirtieron las calles céntricas en una verdadera
marea celeste y blanca. El tradicional punto de encuentro sarmientino se vistió
de fiesta entre cánticos, camisetas, banderas al viento y bocinazos. El
desahogo y la euforia colectiva demostraron, una vez más, la pasión inquebrantable
de la comunidad por los colores nacionales.




