En Capitán
Sarmiento, la crisis de Granja Tres Arroyos dejó de ser hace tiempo solamente un problema laboral.
El impacto empezó a sentirse en los comercios, en las familias y en distintos
sectores de una ciudad donde buena parte de la actividad económica está
vinculada, de una u otra manera, con la empresa avícola. Lo que ocurre dentro
de la planta terminó repercutiendo mucho más allá de quienes tienen allí su
puesto de trabajo y modificó la vida cotidiana de una comunidad acostumbrada a
conocerse y a moverse alrededor de unas pocas actividades centrales.
Capitán Sarmiento
tiene alrededor de 15.000 habitantes y conserva muchas de esas escenas que todavía permiten
hablar de un pueblo: bicicletas que quedan en la calle, puertas que muchas
veces no necesitan llave y vecinos que se conocen entre sí. En un lugar así,
donde los vínculos personales y comerciales se cruzan permanentemente, una
crisis laboral de esta magnitud difícilmente quede encerrada detrás de las
paredes de una fábrica.
De acuerdo con las estimaciones
que circulan en la ciudad, unas 1.500 personas quedaron afectadas
de manera directa e indirecta por la crisis de Granja Tres
Arroyos. El número permite dimensionar por qué el problema alcanza también a
familias, comerciantes y trabajadores que no necesariamente tienen una relación
laboral directa con la empresa.
Es en ese escenario donde aparece la historia de Claudia
Aranda, una comerciante de 46 años que decidió mirar el espacio
que tenía disponible y pensar de qué manera podía utilizarlo para ayudar.
Claudia es madre de dos hijos, una mujer de 30 años y un varón
de 25, y también es abuela de un nieto que está por cumplir seis. Tiene dos
trabajos: es dueña de un local de ropa para chicos y está al frente de Borboleta,
el salón de fiestas que abrió hace aproximadamente un año y medio.
Cuando empezó a
dimensionar lo que estaba ocurriendo con Granja Tres Arroyos, pensó justamente
en eso que tenía a mano: un lugar amplio, equipado para recibir gente y que
podía transformarse, aunque fuera por un tiempo, en algo distinto.
“Bueno, tengo el espacio
para hacer algo por todos”, fue la idea que terminó
dando paso a la olla popular.
El salón se llama Borboleta, una palabra que en portugués
significa “mariposa”, y Claudia eligió ese nombre en homenaje a Gabriela, una
amiga que falleció. Allí, donde habitualmente se festejan cumpleaños y otros
eventos, empezaron a aparecer ollas, bolsas de alimentos, bandejas y todo lo
necesario para preparar una cantidad de comida que crece día a día.
Junto a familiares, amigos
y vecinos, Claudia prepara más de 300 viandas por día.
Hay pan casero y pan caliente, y cuando llegan donaciones también pueden sumar
frutas, cereales, leche u otros alimentos. Buena parte de los insumos llegan
gracias a comerciantes y vecinos que se acercan a colaborar, mientras Claudia y
quienes la acompañan se ocupan de convertir todo eso en comida y organizar la
distribución.
No es una tarea sencilla ni cuenta con una infraestructura
pensada para semejante volumen. Claudia consiguió prestado un disco con el que
puede cocinar para unas 300 personas y se las arregla con una garrafa que tiene
que trasladar. Entre las ollas y los preparativos, pasa buena parte de la tarde
pelando papas, cortando verduras y tratando de que todo esté listo para cuando
llegue el momento de repartir.
Empieza alrededor de las 17 y la jornada no termina cuando salen
las últimas viandas: después hay que ordenar, limpiar y dejar nuevamente el
salón en condiciones. Muchas veces recién termina cerca de la 1 de la
madrugada, y al día siguiente tanto ella como quienes la ayudan tienen que
volver a sus trabajos.
“No tenemos tiempo de
nada”, contó a LANOTICIA1.COM. Y
enseguida agregó: “Terminamos todos cansados porque
al otro día la mayoría trabaja”.
Mientras tanto, Borboleta sigue funcionando como salón de
fiestas porque hay eventos que ya estaban previstos y compromisos que deben
cumplirse. Claudia intenta entonces hacer convivir las dos cosas: el trabajo
con el que sostiene su vida cotidiana y esta tarea que decidió asumir cuando
vio la situación que empezaba a atravesar su ciudad.
Una ciudad que siente el golpe
Claudia conoce de cerca cómo se mueve la economía
de Capitán Sarmiento y entiende que el problema de Granja Tres Arroyos termina
repercutiendo en prácticamente todos los sectores. “Creo que medio
pueblo se mueve a través de Granja Tres Arroyos. Todos esperamos las quincenas
de Granja Tres Arroyos como comerciantes. Se notó un montón”, contó.
Lo que explica es que el efecto no termina en el
trabajador que dejó de cobrar. Detrás de cada puesto de trabajo hay una familia
y, a partir de allí, otros empleos, comercios y actividades que también
dependen de que ese ingreso siga circulando. Una persona puede perder su
trabajo y, al mismo tiempo, afectar el de alguien que trabaja en su casa, a
quien le cuida los chicos o a quien le vende todos los días.
“Es como una cadena”, resume Claudia.
Por eso habla de familias
completas que quedaron sin trabajo y de una situación que también alcanzó a
personas que llevaban décadas vinculadas con la empresa o con la economía que
genera a su alrededor.
Nunca había visto algo semejante en Capitán Sarmiento. La crisis
de 2001 también
le tocó vivirla, pero cuando compara aquella experiencia con lo que observa
ahora, marca una diferencia que para ella resulta difícil de explicar solamente
con números.
“Yo nunca vi algo así en
Capitán Sarmiento. A mí me tocó vivirla en el 2001, no fue tan así, pero
teníamos un trabajo y nos pasó lo mismo. Nunca lo viví así, de estar con la
gente, de que... nada, gente que trabajó toda su vida y hoy está pidiendo una
vianda. Es muy fuerte”, contó a LANOTICIA1.COM.
Esa es, justamente, una de las imágenes que más la impactaron
desde que comenzó con las viandas: encontrarse con personas que durante toda su
vida trabajaron y que ahora tienen que acercarse a pedir un plato de comida.
Para Claudia, esa escena resume mejor que cualquier estadística la profundidad
que alcanzó la crisis.
Las viandas no están
destinadas exclusivamente a trabajadores de Granja Tres Arroyos o a sus
familias. El que necesita puede acercarse y recibir un plato
de comida, y cuando hay personas mayores o familias que no
tienen posibilidades de llegar hasta el salón, Claudia y quienes la acompañan
también buscan la manera de llevarles la comida.
En una de las primeras jornadas incluso tuvieron que volver a
cocinar porque lo que habían preparado no alcanzó para todos los que se acercaron.
Ahora, además, necesitan vehículos para poder trasladar las viandas y llegar a
quienes están más lejos o directamente no pueden movilizarse.
“Es triste que nos esté pasando todo esto a todos”,
expresó Claudia.
En Capitán Sarmiento, la
crisis de Granja Tres Arroyos dejó de ser
hace tiempo solamente un problema laboral. El impacto empezó a sentirse en los
comercios, en las familias y en distintos sectores de una ciudad donde buena
parte de la actividad económica está vinculada, de una u otra manera, con la
empresa avícola. Lo que ocurre dentro de la planta terminó repercutiendo mucho
más allá de quienes tienen allí su puesto de trabajo y modificó la vida
cotidiana de una comunidad acostumbrada a conocerse y a moverse alrededor de
unas pocas actividades centrales.
Capitán Sarmiento tiene alrededor de 15.000
habitantes y conserva muchas de esas escenas que todavía
permiten hablar de un pueblo: bicicletas que quedan en la calle, puertas que
muchas veces no necesitan llave y vecinos que se conocen entre sí. En un lugar
así, donde los vínculos personales y comerciales se cruzan permanentemente, una
crisis laboral de esta magnitud difícilmente quede encerrada detrás de las paredes
de una fábrica.
De acuerdo con las
estimaciones que circulan en la ciudad, unas 1.500 personas quedaron afectadas
de manera directa e indirecta por la crisis de Granja Tres
Arroyos. El número permite dimensionar por qué el problema alcanza también a
familias, comerciantes y trabajadores que no necesariamente tienen una relación
laboral directa con la empresa.
Es en ese escenario donde aparece la historia de Claudia
Aranda, una comerciante de 46 años que decidió mirar el espacio
que tenía disponible y pensar de qué manera podía utilizarlo para ayudar.
Claudia es madre de dos hijos, una mujer de 30 años y un varón
de 25, y también es abuela de un nieto que está por cumplir seis. Tiene dos
trabajos: es dueña de un local de ropa para chicos y está al frente de Borboleta,
el salón de fiestas que abrió hace aproximadamente un año y medio.
Cuando empezó a
dimensionar lo que estaba ocurriendo con Granja Tres Arroyos, pensó justamente
en eso que tenía a mano: un lugar amplio, equipado para recibir gente y que
podía transformarse, aunque fuera por un tiempo, en algo distinto.
“Bueno, tengo el espacio
para hacer algo por todos”, fue la idea que terminó
dando paso a la olla popular.
El salón se llama Borboleta, una palabra que en portugués
significa “mariposa”, y Claudia eligió ese nombre en homenaje a Gabriela, una
amiga que falleció. Allí, donde habitualmente se festejan cumpleaños y otros
eventos, empezaron a aparecer ollas, bolsas de alimentos, bandejas y todo lo
necesario para preparar una cantidad de comida que crece día a día.
Junto a familiares, amigos
y vecinos, Claudia prepara más de 300 viandas por día.
Hay pan casero y pan caliente, y cuando llegan donaciones también pueden sumar
frutas, cereales, leche u otros alimentos. Buena parte de los insumos llegan
gracias a comerciantes y vecinos que se acercan a colaborar, mientras Claudia y
quienes la acompañan se ocupan de convertir todo eso en comida y organizar la
distribución.
No es una tarea sencilla ni cuenta con una infraestructura
pensada para semejante volumen. Claudia consiguió prestado un disco con el que
puede cocinar para unas 300 personas y se las arregla con una garrafa que tiene
que trasladar. Entre las ollas y los preparativos, pasa buena parte de la tarde
pelando papas, cortando verduras y tratando de que todo esté listo para cuando
llegue el momento de repartir.
Empieza alrededor de las 17 y la jornada no termina cuando salen
las últimas viandas: después hay que ordenar, limpiar y dejar nuevamente el
salón en condiciones. Muchas veces recién termina cerca de la 1 de la
madrugada, y al día siguiente tanto ella como quienes la ayudan tienen que
volver a sus trabajos.
“No tenemos tiempo de
nada”, contó a LANOTICIA1.COM. Y
enseguida agregó: “Terminamos todos cansados porque
al otro día la mayoría trabaja”.
Mientras tanto, Borboleta sigue funcionando como salón de
fiestas porque hay eventos que ya estaban previstos y compromisos que deben
cumplirse. Claudia intenta entonces hacer convivir las dos cosas: el trabajo
con el que sostiene su vida cotidiana y esta tarea que decidió asumir cuando
vio la situación que empezaba a atravesar su ciudad.
Claudia conoce de cerca cómo se mueve la economía de Capitán
Sarmiento y entiende que el problema de Granja Tres Arroyos termina
repercutiendo en prácticamente todos los sectores. “Creo
que medio pueblo se mueve a través de Granja Tres Arroyos. Todos esperamos las
quincenas de Granja Tres Arroyos como comerciantes. Se notó un montón”,
contó.
Lo que explica es que el efecto no termina en el trabajador que
dejó de cobrar. Detrás de cada puesto de trabajo hay una familia y, a partir de
allí, otros empleos, comercios y actividades que también dependen de que ese
ingreso siga circulando. Una persona puede perder su trabajo y, al mismo
tiempo, afectar el de alguien que trabaja en su casa, a quien le cuida los chicos
o a quien le vende todos los días.
“Es como una cadena”,
resume Claudia.
Por eso habla de familias
completas que quedaron sin trabajo y de una situación que también alcanzó a
personas que llevaban décadas vinculadas con la empresa o con la economía que
genera a su alrededor.
Nunca había visto algo semejante en Capitán Sarmiento. La crisis
de 2001 también
le tocó vivirla, pero cuando compara aquella experiencia con lo que observa
ahora, marca una diferencia que para ella resulta difícil de explicar solamente
con números.
Esa es, justamente, una de las imágenes que más la impactaron
desde que comenzó con las viandas: encontrarse con personas que durante toda su
vida trabajaron y que ahora tienen que acercarse a pedir un plato de comida.
Para Claudia, esa escena resume mejor que cualquier estadística la profundidad
que alcanzó la crisis.
Las viandas no están
destinadas exclusivamente a trabajadores de Granja Tres Arroyos o a sus
familias. El que necesita puede acercarse y recibir un plato
de comida, y cuando hay personas mayores o familias que no
tienen posibilidades de llegar hasta el salón, Claudia y quienes la acompañan
también buscan la manera de llevarles la comida.
En una de las primeras jornadas incluso tuvieron que volver a
cocinar porque lo que habían preparado no alcanzó para todos los que se
acercaron. Ahora, además, necesitan vehículos para poder trasladar las viandas
y llegar a quienes están más lejos o directamente no pueden movilizarse.
“Es triste que nos esté pasando todo esto a todos”,
expresó Claudia.
La decisión de abrir Borboleta para cocinar no fue la única
manera que encontró Claudia para acompañar a las familias afectadas. También
decidió ofrecer el salón de fiestas de manera
gratuita a quienes tuvieron que cancelar los cumpleaños de
sus hijos porque perdieron el trabajo y ya no podían afrontar ese gasto.
“Es lo único que puedo darle hoy”,
explicó.
En su propia familia tampoco hubo dudas cuando decidió
involucrarse. Claudia cuenta que siempre le gustó ayudar y que sus hijos y el
resto de su entorno la acompañan en lo que hace. “Siempre me gustó hacer todo
esto, entonces me bancan siempre. No lo dudan y tiramos todos para el mismo
lado”, contó.
Y la solidaridad no quedó concentrada en una sola persona. En
Capitán Sarmiento, muchos comerciantes están
colaborando con mercadería y alimentos, mientras que también se
sumaron gimnasios, amigos, instituciones y vecinos que acercan lo que pueden.
El Club de Leones aportó carne y hubo también personas que eligieron hacer
donaciones de manera anónima.
Claudia tiene, además, una amiga de hace 42 años que sostiene un
merendero en Carmen de Areco. Las dos crecieron vinculadas a este tipo de
tareas y, con el tiempo, ayudar a otros se convirtió casi en una costumbre.
“Nos sale, ya es normal”,
dice.
Hace tiempo que Claudia sueña con tener su propio
merendero, aunque reconoce que hoy la situación económica no le permite
sostener un proyecto de esas características. Por ahora, hace lo que puede
desde Borboleta y con los recursos que tiene, acompañada por una red de
personas que fue creciendo a medida que aumentaba la necesidad.
Por eso, cuando habla de lo que está pasando,
insiste en quitarse protagonismo y mirar hacia el conjunto de la
comunidad. “El pueblo es re solidario, re solidario”, repite, y
también destaca el acompañamiento del municipio: “El municipio está
ayudando un montón dentro de lo que puede. Entre todos”.
Claudia tampoco quiere que la historia quede puesta
sobre ella ni que la presenten como una heroína. Después de varios intentos
de LANOTICIA1.COM para poder hablar con ella, finalmente
accedió a contar su historia, aunque reconoce que le da vergüenza que
se destaque lo que está haciendo, porque entiende que son muchas las
personas que están colaborando de distintas maneras.
Hay comerciantes que donan mercadería, vecinos que
acercan alimentos, instituciones que colaboran y personas que, desde distintos
lugares, decidieron hacer algo frente a una situación que nadie en Capitán
Sarmiento esperaba atravesar de esta manera.
Por eso Claudia vuelve una y otra vez sobre la
misma idea: “Es un granito de arena cada uno, porque no soy la única
que lo está haciendo”.
Y mientras la crisis de Granja Tres Arroyos sigue
golpeando a una ciudad que todavía intenta dimensionar el alcance de lo que
está pasando, en Capitán Sarmiento también aparece otra postal: la de
un pueblo que se organiza para que a nadie le falte un plato de comida.
Claudia
es una de las tantas personas que decidieron no mirar para otro lado. No quiere
que la historia quede solamente en su nombre ni en las puertas de Borboleta,
porque entiende que detrás de cada vianda hay comerciantes, vecinos, amigos,
instituciones y familias que también están poniendo algo de su parte.
Fuente:
https://www.lanoticia1.com/



