Tras retirarse de la vida pública y militar en América, San Martín pasó sus últimos 26 años en el exilio europeo, viviendo de manera austera en lugares como Bélgica, Inglaterra y, finalmente, Francia.
Se mantuvo estrictamente alejado de las guerras civiles de su patria para evitar el derramamiento de sangre entre hermanos. Pasaba sus días dedicándose a la lectura, el cuidado de sus jardines y la limpieza de sus propias armas.
Padecía de dolencias crónicas como asma, reumatismo, gota y una úlcera estomacal que le causaba dolores agudos. Además, en sus últimos años sufrió de cataratas y quedó prácticamente ciego, por lo que su hija Mercedes le leía los diarios.
En 1848 se mudó a esta localidad costera de Boulogne-sur-Mer Francia huyendo de las revoluciones de París. Allí vivió en el segundo piso de una propiedad alquilada hasta el 17 de agosto de 1850, cuando falleció a los 72 años.